Hace unos pocos años, un grupo de paleontólogos que trabajaban en el yacimiento de Hell Creek en Montana (EEUU) descubrieron varios huesos de un Tyrannosaurus rex. Durante el complicado proceso de recuperación del esqueleto, el fémur del dinosaurio se partió en dos, pero el interior resultó ser más interesante que el exterior. El equipo de Mary Schweitzer hizo un notable descubrimiento: disolvieron los depósitos de minerales en los tejidos y obtuvieron un material flexible, elástico y con «aspecto proteinoso»: colágeno, señoras y señores. Este procedimiento también se repitió con restos del hadrosaurio Brachylophosaurus canadensis, uno de los dinosaurios herbívoros apodados “con pico de pato”, con una edad de 80 millones de años. Estudios posteriores siguieron apoyando que las fibras de colágeno se conservaban. ¿Y ahora, qué?

Pues básicamente que se ha vuelto a comprobar, pero en huesos de la «morralla», fragmentos que poca información aportan y que por lo tanto se dio el visto bueno para su estudio microscópico. En este artículo nuevo recién publicado en Nature Communications y firmado por Sergio Bertazzo, Susannah C. R. Maidment, Charalambos Kallepitis, Sarah Fearn, Molly M. Stevens y Hai-nan Xie se han estudiado ocho fragmentos de huesos de dinosaurio.Durante su estudio encontraron lo que parecían ser fibras de colágeno… y algo semejante a glóbulos rojos. Un estudio en detalle mediante secciones reveló que estas fibras muestran estructura bandeada típica de colágeno. Así mismo, por espectrometría se identificaron fragmentos de aminoácido. ¿Y los glóbulos rojos? Pues el estudio de secciones reveló que tenían estructura interna, y su estudio espectral relevó una enorme semejanza con una muestra procedente de sangre de un emú (un ave no voladora actual).

 Según Maidment, esto demuestra que estas moléculas se conservan mucho más comunmente de lo que se pensaba hasta ahora. ¡Cientos de huesos fósiles podrían estra llenos de proteína! ¿Y los glóbulos rojos? ¿Qué tienen de especial? Bien, en mamíferos como nosotros los glóbulos rojos son células aplanadas y sin núcleo. Pero… ¿y en reptiles y aves? ¡Espera! ¡Tienen NUCLEO! ¿Y qué hay dentro del núcleo de una célula? ¡BINGO!

Maidment se muestra cautelosa al respecto, dejando claro que en sus muestras no se ha encontrado material genético. De momento. Pero deja volar un poco la imaginación, porque en ciencia, no es sabio decir «jamás». Bertazzo añade que el problema del ADN es que, incluso si se encontrase, no estaría intacto, dado que es una molécula inestable y no tiene una vida muy larga: «Sería posible llegar a encontrar fragmentos, pero… ¿más? ¿Quién sabe?»

Artículo en The Guardian.

Referencia: Bertazzo, S. et al. Fibres and cellular structures preserved in 75-million-year-old dinosaur specimens. Nat. Commun. 6:7352 doi: 10.1038/ncomms8352 (2015).

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