A pesar de que los dinosaurios captan toda nuestra atención al hablar de la vida en el pasado, a lo largo de millones de años han habitado nuestro planeta animales muy muy diversos. Algunos, tan extraños que, a su lado, el dinosaurio más raro nos parecería tan familiar como un gato.

Y es que hubo un momento en que se produjo una gran explosión de diversidad, los primeros animales se armaron para la primera gran batalla por la superviviencia.

Hoy viajaremos hasta el periodo Cámbrico, hace unos 540 millones de años, cuando tuvo lugar la gran explosión Cámbrica, y la evolución dio lugar a animales imposibles: portadores de espinas, tentáculos, mandíbulas, apéndices, múltiples ojos… animales tan extraños que parecen sacados de las páginas de un relato de Lovecraft. Animales de la noche de los tiempos capaces de llevarnos a la locura.

Reconstrucción de un fondo marino del Cámbrico.

En el relato de Lovecraft “En las Montañas de la Locura”, se relata una expedición a la Antártida, donde el geólogo William Dyer es testigo de hallazgos paleontológicos que desafían todo lo que sabemos de la vida en el pasado y que muestran la existencia de criaturas inteligentes monstruosas y, a nuestros ojos, deformes. En general los relatos de Lovecraft están llenos de criaturas monstruosas cuya forma desafía nuestra cordura, con tentáculos, mandíbulas, apéndices imposibles, y curiosamente, que gobernaron la Tierra millones de años atrás…

Primera página del manuscrito de At the Mountains of Madness.
Lovecraft collection. Brown Digital Repository. Brown University Library. https://repository.library.brown.edu/studio/item/bdr:425214/

Dicen que la realidad supera la ficción. Y este caso es de libro. Para conocer a estas criaturas imposibles de la noche de los tiempos vamos a tener que hacer un viaje hasta el Monte Stephen, entre las montañas de Wapta y Field, en la Columbia Británica, Canadá. A finales del siglo XIX se describió aquí un yacimiento muy rico en trilobites, que fueron estudiados por el geólogo Robert McConnell y muchos recogidos en una colección por parte del astrónomo Otto Klotz . Pero este monte no sólo guardaba trilobites en sus entrañas.

En un artículo publicado en 1892, el geólogo Joseph Whiteaves describió un fósil muy singular, algo que parecía ser una gamba sin cabeza, con pocos apéndices conservados, y unas espinas situadas en su extremo. Whiteaves llamó a este extraño animal Anomalocaris canadensis, la gamba extraña encontrada en Canadá. Pero como veremos, este animal estaba lejos de ser una gamba extraña, siendo uno de los animales más extraños y fascinantes de su tiempo.

Publicación original de Anomalocaris.
https://burgess-shale.rom.on.ca/

Este yacimiento tan rico, en el que se encontraban miles de trilobites a patadas, fue el causante de que a principios del siglo XX llegara a la zona el geólogo Charles Walcott.

Siendo empleado del Servicio Geológico de Estados Unidos, Charles Walcott logró tener acceso a estas colecciones de trilobites, y tras su estudio, determinó que eran trilobites del Cámbrico medio. Y en 1907, y ya siendo director del servicio geológico de estados unidos, llegó por primera vez a ese lugar dispuesto a pasar cinco semanas de aquel verano en una campaña de campo con su familia, incluyendo a su mujer. Esta primera aproximación a la zona fue básicamente geológica, para estudiar la estratigrafía del cámbrico de la región y recoger muestras de trilobites. Pero ni ese año, ni el siguiente tenía idea de la locura que aguardaba bajo tierra.

En 1909, y prácticamente cuando estaba acabando su campaña de campo, Walcott se encontraba yendo a caballo entre Wapta Mountain y Mount Field, cuando descubrió unos cuantos fósiles muy interesantes en esquistos de la que entonces llamaban Formación Stephen. Volvió al día siguiente con su mujer Helena y su hijo Stuart. Y juntos, encontraron muchos nuevos especímenes que Walcott boceteó en su cuaderno de campo, en el que podemos leer:

«Out with Helena, Stuart collecting fossils from the Stephen Formation. We found a remarkable group of Phyllopod crustaceans – Took a large number of fine specimens to camp.»  «We continued collecting found a fine group of sponges on slope (in-situ) – Beautiful warm days»

Walcott y su familia en el Monte Stephen.
https://burgess-shale.rom.on.ca/

Alli se pasaron 5 días recogiendo fósiles que aparecían en lajas de esquisto sueltas en el camino, y el propio Walcott era consciente de que el hallazgo iba a ser muy importante.

Al año siguiente, volvieron dispuestos a realizar una excavación y recogida de fósiles, y ya no abandonaron ese lugar, el Paso de Burgess, durante años. Y a esta localidad se la acabó conociendo como Burgess Shale, los «esquistos» de Burgess.

Los fósiles recogidos por los Walcott durante años incluían artrópodos, tanto trilobites como parientes de crustáceos, pero los «esquistos» de Burgess desvelaron un sinfín de formas de animales. Sus excavaciones continuaron casi initerrumpidamente hasta 1924. Y Walcott, aunque fascinado por sus descubrimientos, siempre intentó encajar estos fósiles en los grupos de animales conocidos en la actualidad.

En 1962, por primera vez se realizó un reestudio de todo este material por parte del paleontólogo Alberto Simonetta empezó a revelar que Walcott no había empezado ni a arañar la superficie de la importancia de los fósiles de Burgess Shale, revelando que muchos de ellos no encajaban con los animales que conocemos hoy día.

Fue entonces cuando se reabrió la cantera de Walcott por parte del Servicio Geológico de Canadá por presión del paleontólogo y experto en trilobites Harry Blackmore Whittington, a la vez que abrieron una nueva cantera a 20 metros de la original. Con la ayuda de sus por entonces alumnos Derek Briggs y Simon Conway Morris devolvieron a Burgess Shale al foco de atención, y revelaron que las faunas de Burgess eran mucho más diversas de lo que Walcott jamás había imaginado: algunos de estos animales a duras penas tenían parecidos con animales actuales, y muchos presentaban características que podrían parecernos aberrantes. Monstruos de la noche de los tiempos.

Entre la fauna más inquietante revelada por los esquistos de burgess shale podemos destacar algunos monstruos de verdadera pesadilla.

Opabinia. Smithsonian.

Opabinia es un animal muy extraño. Un cuerpo blando, segmentado como en el caso de los gusanos o artrópodos, con unos apéndices semejantes a aletas partiendo de cada segmento, y provistos de branquias. Una cabeza globosa provista de 5 ojos saltones, una boca, y una especie de trompa rematada por una especie de pinza provista de espinas. Según Whittington, Opabinia no tenía cabida en ningún tipo o filo de animales conocido. Era único en su especie. Un linaje de monstruos de pesadilla con los que exprimentó la evolución y que no llegó a nuestros días. Opabinia tiene de hecho gran parte de la culpa o el mérito de que el paleontólogo Stephen Jay Gould propusiera una teoría en su libro “la vida maravillosa”: que la extraordinaria diversidad de estos fósiles del cámbrico demuestra que durante esta explosión cámbrica la evolución dio lugar a una mayor disparidad de la que conocemos hoy, a diseños corporales muy locos, animales fantásticos, linajes de criaturas muy diferentes. Y que tras este experimento, esta gran radiación adaptativa, muchos de estos linajes se extinguieron, y por eso nos resultan tan extraños, tan alienígenas, tan aberrantes.

Uno de los discípulos de Whittington, Simon Conway Morris, ve de manera diferente esta radiación adaptativa, ya que considera que muchos de estos animales imposibles, de una manera u otra, si que guardan relación con filos actuales. De hecho, en los más recientes reestudios de Opabinia, se la ha relacionado con los ancestros de los artrópodos.

Wiwaxia. Smithsonian.

Otra bestia de pesadilla del Cámbrico de Burgess Shale es Wiwaxia, una criatura cubierta de escamas carbonatadas y espinas. La interpretación actual lo considera, o bien un ancestro de los moluscos, o de los anélidos poliquetos.

Para mi, una de las criaturas mas fascinantes de Burguess, y de las que más ponen el pelo de punta por lo extrañas que parecen es Hallucigenia. Y es que hasta el nombre deja claro que parece una alucinación: una criatura alargada, con una serie de patitas o apéndices pares en uno de sus lados, y espinas en el opuesto. Que al principio no se sabía qué era la cabeza, qué era la cola, si andaba sobre las espinas, o sobre los apéndices blandos. No tenía ni pies ni cabeza, literalmente. Una criatura de pesadilla.

Hallucigenia. Royal Ontario Museum.

Pero la cosa no queda ahí. ¿Recordáis aquella extraña gamba, Anomalocaris? Entre 1911 y 1917, Charles Walcott hizo, sin saberlo por aquel entonces, hallazgos extremadamente importantes de Anomalocaris, solo que, al aparecer como fragmentos separados, no supo que estaba tratando con trozos de aquel enimático animal. Y es que, lejos de ser una gamba, el primer fósil de Anomalocaris solo era un pequeño apéndice de un animal mayor… Walcott describió una medusa a la cual nombró Peytoia. Encontró un apéndice que identificó como un apéndice del artrópodo Sidneyia. Y al nuevo género Laggania lo describió como un posible equinodermo perteneciente al grupo de las holoturias, los pepinos de mar.

Tras estudiar las colecciones de fósiles de Walcott, los paleontólogos Harry B. Whittington y Derek Briggs revelaron la incógnita pendiente en la anatomía del Anomalocaris, además de aclarar la verdadera naturaleza del Peytoia y Laggania. Peytoia era la boca, Laggania era gran parte de su cuerpo, y lo que parecían gambas eran apéndices en la cabeza. Dado que el primer nombre prevalece según la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica, a este animal se le sigue llamando Anomalocaris, y posiblemente era el más temible depredador de su época, un cazador implacable… Un ser extraño, un monstruo de fuera de este mundo… o no tanto. En 2011, seis nuevos ejemplares fueron encontrados en Emu Bay, Australia, incluyendo sus ojos bien conservados, demostrando que sus ojos eran compuestos, y arrojando más peso a la hipótesis de que los Anomalocáridos eran artrópodos primitivos.

Anomalocaris. Royal Ontario Museum.

Puede que con el paso del tiempo, muchas de estas formas de vida imposibles se hayan podido ir clasificando como parientes de grupos actuales, pero su extrañeza, queda. Puede que no sean seres de otro mundo, ni que todos ellos sean experimentos fallidos de linajes extintos de un mundo que pudo ser y no fue. Pero una cosa está clara, en el cámbrico, cuando los animales se armaron y empezó una nueva batalla por la supervivencia, la evolución se levantó creativa, y dio lugar a maravillas, animales fantásticos o monstruos de pesadilla. Y que gracias al caprichoso proceso de fosilización, podemos llegar a observar y disfrutar hoy día…

Y es que para que los restos de un animal lleguen a fosilizar, deben quedar enterrados en condiciones apropiadas para que la tierra o la arena llegue a transformarse en roca, y no en todas partes hay lugares donde se cumplan estas condiciones… por lo tanto, conocemos solo una pequeña fracción de los seres vivos que han vivido en el pasado.

Sabiendo lo sorprendentemente diversa que es la vida, y que no en todos los habitats es fácil fosilizar, puede que hayan vivido formas más extrañas todavía, de las que nunca sabremos dad. muchos más animales fantásticos o monstruos de pesadilla de la noche de los tiempos.

Referencias:

Gould, S. J. 1989. Wonderful Life. The Burgess Shale and the Nature of History. Norton, New York, 347 pages.

Conway Morris, S. 1998. The Crucible of Creation. The Burgess Shale and the Rise of Animals. Oxford University Press, 242 pages.

Briggs, D.E.G., D.H. Erwin, y F.J. Collier. 1994. The Fossils of the Burgess Shale. Smithsonian Institution Press, Washington, 238 pages.

Paterson, J. R. et al. Acute vision in the giant Cambrian predator Anomalocaris and the origin of compound eyes. Nature 480, 237–240 (2011).

Whittington, H.B. 1985. The Burgess Shale. Yale University Press, New Haven, 151 pages. 

Buchanan, R. (April 2003). «Smithsonian Institution Secretary, Charles Doolittle Walcott». PALAIOS. 18 (2): 192–193. 

Yochelson, E.L. (December 1996). «Discovery, Collection, and Description of the Middle Cambrian Burgess Shale Biota by Charles Doolittle Walcott». Proceedings of the American Philosophical Society. 140 (4): 469–545. 

Whittington HB, Briggs DE (1985). «The largest Cambrian animal, Anomalocaris, Burgess Shale, British Columbia». Philosophical Transactions of the Royal Society B. 309 (1141): 569–609. 

Imágenes históricas: https://burgess-shale.rom.on.ca/

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