La Paleoicnología es una subdisciplina de la Paleontología que se ocupa del estudio de las trazas y marcas de actividad de los organismos. Prácticamente todos los seres vivos que han existido a lo largo de la historia de la Tierra pueden haber dejado algún tipo de marca, de acuerdo con su modo de vida, incluidos los dinosaurios. A estos fósiles se les llama icnofósiles. Y en el caso de las huellas de vertebrados, concretamente se les conoce como icnitas.

A veces resulta increíble que se hayan conservado huellas de dinosaurios, mientras que nuestras huellas en la playa desaparecen con el oleaje. ¿A qué se debe esto? En primer lugar, el sedimento debe ser muy fino, como arcillas o arenas de granos muy pequeños. Otra característica es la cantidad de agua del sedimento: si existe mucha, se colapsan, y si el sedimento está muy seco, las huellas no quedan muy marcadas. A veces, la existencia de capas de cianobacterias asegura la superficie, ya que estos microorganismos depositan carbonato. Y si fijan la superficie del sedimento, con ella también las huellas. No obstante, para que se conserven, deben de ser cubiertas por nuevas capas de arenas o arcillas, para que la erosión no las destruya. Tras enterrarse, y con el paso del tiempo, las arenas y lodos en las que quedaron impresas las huellas, se endurecen y «petrifican».

El estudio de las icnitas también es muy diferente al método de estudio de los huesos fósiles. Por un lado, no siempre podemos saber qué animal dejó estas huellas. Nos podemos acercar al grupo, pero nunca sabremos con certeza qué especie dejo el rastro. Desafortunadamente no es frecuente encontrar simultáneamente huellas y a la vez restos directos (huesos, dientes) del animal que las dejó. Esto hace la identificación de las huellas extremadamente difícil, basándose principalmente en suposiciones sobre que animales poblaron que regiones en qué época, y mediante la comparación de la frma de sus pies con la forma de las huellas. Por eso, los paleoicnólogos usan una clasificación “parataxonómica” (en oposición a la “taxonómica” que se usa en los seres vivos y fósiles directos), que únicamente busca clasificar las huellas por su forma, sin una correlación directa con estas y los géneros de dinosaurios conocidos. Por si esto fuera poco, en ocasiones un animal puede dejar huellas muy diferentes, si anda, corre, cojea… y según sea el sedimento de duro, blando, fino o grueso.

Los tipos de icnitas más abundantes son las de terópodo, ornitópodo y saurópodo. ¿Y como podemos diferenciarlas? Las de terópodo son huellas con tres dedos, más largas que anchas, con dedos alargados y terminados en garras afiladas. Además, como los terópodos son todos bípedos, nunca encontraremos huellas de manos, siempre serán solo huellas de los pies. Las de ornitópodo tienen también tres dedos, pero suelen ser más anchas que largas, y sus dedos son gruesos. No suelen acabar en garras afiladas (salvo en el caso de algunos ornitópodos primitivos), y con frecuencia aparecen asociadas las huellas de las manos, semejantes a pequeñas huellas circulares por delante de las huellas de los pies. Las huellas de saurópodo son muy diferentes al resto. Las huellas de sus pies son redondas, en las que ocasionalmente se pueden distinguir las marcas de los dedos provistos de garras, dirigidas hacia fuera. Estas huellas, como pertenecen a los dinosaurios más grandes que se conocen, pueden llegar a ser gigantescas, de más de un metro de diámetro. Las huellas de sus manos tienen una curiosa forma de media luna, en la que a veces queda la impresión de la garra del pulgar. También se han descrito huellas de estegosaurio, que durante mucho tiempo se confundían con las de saurópodo por presentar pies redondeados (aunque tienden a ser más largas que anchas) y por la presencia de huellas de mano con forma de media luna.

 

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