En el marco del anterior post sobre la clasificación de los dinosaurios, una cuestión de especial relevancia surgió. La plantearon nuestros amigos de Geosfera, y es la siguiente: «Si clasificamos a los grupos en función de su antepasado común, ¿Quién es el antepasado común de Saurisquios y Ornitisquios? Parece que los primeros dinosaurios que conocemos como Herrerasaurus eran ya terópodos… por lo tanto no podrían tener los dinosaurios un origen difilético?»
Antes que nada, expliquemos que es eso de un origen «difilético». Como ya hemos dicho en otras ocasiones, en la actualidad ya sólo se clasifica a los seres vivos en grupos «naturales» que incluyan al ancestro común y todos los descendientes. Esos grupos naturales, con un origen único, se llaman «monofiléticos», que viene a significar «una sola rama». Un grupo «difilético» vendría a decir que tiene dos orígenes distintos, dos antepasados diferentes, y que por lo tanto, no debería ser usado como «grupo natural». La idea de unos «dinosaurios difiléticos» no es nueva en absoluto, ya que de momento los orígenes del grupo son muy misteriosos. Lo cierto es que actualmente Dinosauria se toma como un grupo monofilético, que se sostiene por unas innovaciones evolutivas propias, como la articulación del fémur en la cadera que les permite desplazarse totalmente erguidos, característica que no comparten otros arcosaurios, como los cocodrilos o pterosaurios.
A fecha de hoy, parece que sobre el asunto Herrerasaurus, está bien constatado como saurísquio, y al parecer siempre aparece como terópodo en los últimos análisis, de ahí que últimamente se considere plenamente un terópodo. .
Y he ahí la cuestión. Que Herrerasaurus sea un terópodo o no, poco tiene que aportar al orígen mono o difilético de los dinosaurios. El Triásico es un periodo especialmente yermo y pobre, la vida se acababa de recuperar de la madre de todas las extinciones, y el registro triásico no es para echar cohetes. Que no hayan sido descritos dinosaurios más basales que Herrerasaurus no significa que no estuviesen ahí. Sólo nos recuerda lo sesgado que es el registro fósil. Y es que, que los restos de un animal se lleguen a enterrar antes de ser destruídos y lleguen a nuestros días constituye ya una proeza. Quién sabe lo que nos aguarda en los sedimentos triásicos alrededor del mundo…

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