Como si de una escena de un crimen se tratase, desde hace años, cientos de investigadores a lo largo del globo se han preguntado quién mató a los dinosaurios ¿actividad volcánica? ¿cambio climático? ¿crisis económica? ¿algún bigotesaurio o Fabrosaurio? ¿el mayordomo? ¿o fue un meteorito?
Bayer.
Este tema siempre me fascinó. Al fin y al cabo, desde crio me han encantado y encandilado los dinosaurios, y el hecho de que desaparecieran, si bien en principio es parte de su atractivo, me causaba tristeza. Por otro lado, otra de mis pasiones desde pequeño fue el cielo nocturno. Los planetas, galaxias, estrellas, constelaciones y cometas. Y de repente, empiezas a oir que posiblemente uno de tus queridos astros menores acabó con tus queridos dinosaurios… ¿es que el mundo se está volviendo loco?
El cometa West. Fuente: www.astro.cornell.edu
Todo el mundo a estas alturas ha oído acerca del meteorito. Pero poca gente sabe cómo se ha sabido esto. Todo empezó con un cambio de imagen para los dinosaurios. Porque cuando eran consideradas bestias lentas, torpes y tontas, no era necesario tener mucha imaginación para verlas extinguiéndose. Pero de repente, se empezó a ver a estos animales como seres activos, ágiles, incluso inteligentes, que habían llegado a ser tan diversos como los mamíferos en el Cenozoico. ¿Cómo entonces pudieron irse al garete? ¿Y tan repentinamente?

En 1978 el geofísico Glenn Pennfield estaba trabajando para PeMex en la Península de Yucatán, cerca de la costa del Golfo de México. Su equipo de trabajo empleaba datos geofísicos para explorar la ubicación de posibles yacimientos petrolíferos, pero lo que encontró fue un arco subterráneo de extraordinaria simetría en un anillo de 70 kilómetros de diámetro… Más tarde Penfield encontró otro arco, aunque éste se encontraba sobre la península de Yucatán y su punto culminante apuntaba hacia el norte: estos dos arcos conformaban un círculo de 180 kilómetros de diámetro, con su centro muy cerca del pueblo de Chicxulub. Pemex había excavado algunos pozos en la región en 1951 y uno de ellos fue perforado en una densa capa de andesita alrededor de 1,3 kilómetros bajo la superficie, resultado de un intenso calor y la presión ocasionada por un impacto.

En 1980 un grupo de investigadores liderados por el físico Luis Álvarez descubrieron, en las muestras tomadas por todo el mundo de las capas intermedias entre los períodos Cretácico y Terciario de hace 65 millones de años, una concentración de iridio cientos de veces más alta que lo normal. Y claro, las cantidades de iridio son generalmente más altas en asteroides… No obstante, cuando lo propusieron no se había dado a conocer el cráter de Chicxulub… pero una vez se ataron cabos… blanco y en botella: la Tierra fue impactada por un asteroide o cometa hace 65 millones de años.

Pero entonces también asaltaron dudas: vale, hubo un impacto. Pero también hubo vulcanismo. Y algunos investigadores creían que fueron causas múltiples las que llevaron a la biota del Cretácico a la gran extinción. Incluso se decía que quedaban pocos dinosaurios. Que su suerte ya estaba echada…

Marzo de 2010: Se publica en Science un estudio completamente multidisciplinar en el que 41 expertos apoyan la hipótesis del impacto como causante de la extinción del Cretácico-Paleógeno (aunque me gustaba más llamarla K/T).

En este trabajo se confirma que un asteroide de unos 12 kilómetros de diámetro impactó contra la Tierra liberando una energía de un millón de veces mayor que la de una bomba nuclear. Pero el impacto sólo pudo matar «de una pedrada» a los seres vivos que vivian cerca del lugar de impacto (léase por cerca desde recibir el golpetazo en los morros hasta vivir a unos pocos cientos de kilómetros). Tras el golpe, llegaron los terremotos, maremotos, colapso de plataformas, incendios… y finalmente, con el material eyectado en el impacto y los incendios, la atmósfera se oscureció. Y las cadenas tróficas se vinieron abajo.

Este escenario se viene contando desde hace años, pero es la primera vez que tantos expertos (entre ellos tres zaragozanos) lo avalan con tantos datos diferentes, desde diversas disciplinas, y en una revista de gran impacto. Para leer más podéis pasaros por Tierra de Dinosaurios, Aragosaurus, o directamente acudir al artículo en Science.

Referencia:
Schulte, S., L. Alegret, I. Arenilla, and many others, 2010, The Chicxulub Asteroid Impact and Mass Extinction at the Cretaceous-Paleogene Boundary. Science. vol. 327, no. 5970, pp. 1214-1218, DOI: 10.1126/science.1177265

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3 comentarios

  1. Ala, me pido prime para echar leña al fuego (y no por nada, que estoy muy muy orgulloso de que los del otro lado del pasillo hayan metido un Science):

    El caso es que han demostrado que esa pedrada cayó, y que borró a los foraminíferos del mapa. Esto mismo está, desde mi punto de vista, ampliamente demostrado para otros grupos, como los ammonites, los rudistas, etc… fundamentalmente marinos. Pero con los dinos no podemos tirar cohetes todavía.

    Me explico, los grupos que he nombrado antes tienen un registro amplísimo (en un vaso de agua caben miles de foraminíferos, y estos son muy abundantes en los cortes marinos estudiados, donde se tiene un registro todo lo continuo que puede ser un registro geológico y paleontológico).
    Pero los dinos tienen la mala costumbre de ser grandes, escasos y terrestres (excepción de los amigos espinosauridos, acuáticos desde hace una semana). Lo cual hace que su registro no sea ni mucho menos tan continúo y por tanto sea muy difícil deducir en qué punto exacto se extinguen. Cierto que no hay evidencia 100 % confirmada de dinosaurios no avianos en el terciario, pero el momento concreto de su extinción, y lo súbita que fuera, está lejos de estar claro.

    Y esto es bueno, y significa una cosa: que todos nos tenemos que poner a describir los pocos fósiles que tenemos, y excavar los muchos que quedan por allí enterrados, para empezar a comprender cuál es la diversidad «normal» de los ecosistemas mesozoicos y, a partir de allí, intentar evaluar cómo fue su extinción. Así que doy por finquitado el comentario y me pongo a terminar el paper con el que estoy, que seguro que aporto algo más que soltando semejante tostón.
    un abrazo

  2. Ya es casualidad que dos grandes extinciones (la del Pérmico y la del Cretácico) se atribuyan al vulcanismo o al impacto, según sea quien lo defienda. Pruebas de impacto hay de sobra. Pruebas de vulcanismo masivo también. En los dos casos. Y en los dos casos el vulcanismo se sitúa muy cerca de las antípodas de los supuestos lugares de impacto.

    Para mí, esto sería blanco y en botella, pero como parece que no hay ninguna hipótesis elaborada sobre cómo puede un impacto meteorítico causar un vulcanismo masivo que libera mucha más energía, pues negro y en tetrabrick…

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